Vidrio y esmalte
Los orígenes y la evolución del soplado de vidrio
El arte del soplado de vidrio probablemente se originó en Siria durante el siglo I a. C. Durante muchos siglos, las técnicas básicas permanecieron prácticamente inalteradas, hasta que la mecanización y la introducción del aire comprimido revolucionaron la producción de objetos cotidianos como botellas, frascos y vasos. A pesar de estos avances, la fabricación artesanal de vidrio decorativo y de alta calidad sigue siendo un oficio especializado. Muchas de las herramientas utilizadas por los vidrieros actuales serían reconocidas por sus homólogos medievales: paletas para protección térmica y moldeado, mármoles para rodar el vidrio caliente, pinzas y tijeras para cortar y dar forma, la caña de soplado para recoger y soplar el vidrio, y la varilla de puntil para conformar la abertura de las piezas.
Equipos de alta temperatura en talleres de vidrio
Un taller moderno de soplado de vidrio suele contar con tres zonas de alta temperatura. El horno de fusión, donde las materias primas se transforman en vidrio fundido, alcanza temperaturas cercanas a 1150°C. Una vez que una porción de vidrio se recoge en la caña, comienza a enfriarse. Para mantener su maleabilidad, la pieza se recalienta en el glory hole, una cámara aislada con revestimiento refractario destinada a conservar el vidrio trabajable mientras permanece en la caña o en la varilla de puntil. Finalizada la pieza, esta se traslada al horno de recocido, donde se enfría de forma gradual hasta temperatura ambiente. Este enfriamiento lento evita tensiones internas, fracturas y deformaciones, y puede prolongarse varias horas según el espesor del vidrio.
Composición y coloración del vidrio
El vidrio está compuesto principalmente por dióxido de silicio. Otros óxidos metálicos se añaden para modificar sus propiedades. El óxido de sodio aumenta la viscosidad y la resistencia mecánica, mientras que el óxido de plomo incrementa el brillo. El cobalto genera el azul profundo característico del vidrio de Bristol, el cromo produce tonalidades verdes y tanto el cobre como la plata aportan una amplia gama de colores. Estos óxidos también se emplean en la fabricación de esmaltes -una fina capa de vidrio fundida sobre metal- para obtener acabados decorativos.
Desarrollo y aplicaciones del esmaltado
El esmaltado, entendido como la fusión de vidrio coloreado sobre metal, probablemente se remonta a los orígenes mismos de la fabricación de vidrio, cuando se utilizaba para producir joyería, copas, cuencos y otros objetos decorativos. Históricamente se aplicaba sobre metales preciosos como oro, plata o cobre, especialmente en artes decorativas y ornamentales. Posteriormente se extendió a metales base como hierro colado, acero, aluminio e incluso acero dulce. No fue hasta principios del siglo XIX cuando el esmalte se aplicó por primera vez a utensilios de cocina de hierro. Su acabado duradero, fácil de limpiar y estéticamente atractivo hizo que su popularidad creciera rápidamente entre fabricantes, anunciantes y las clases medias emergentes, extendiéndose a cocinas, estufas, bañeras y electrodomésticos. Aunque su uso doméstico moderno es menos común, el esmalte sigue siendo esencial en aplicaciones industriales como recipientes de laboratorio, señalización arquitectónica y revestimientos protectores para paredes en entornos de alto tránsito.
Además del soplado y el esmaltado, existen otras técnicas térmicas de trabajo en caliente del vidrio, como el slumping, que permiten crear formas artísticas mediante el curvado en horno.